No hace falta un monumento para mostrar agradecimiento...
Separando las aguas: nunca estuve de acuerdo en que Diabluma se abanderara como "defensora" del patrimonio... si en verdad les interesara eso, no atacarían la figura de LFC, más allá de que son de Quito y la mayoría de sus miembros ni siquiera nacían en la época en que León fue Presidente.
Por otro lado...
El INPC pide lo justo -no comparto eso de que la efigie permanece incautada sin razón, hay una ley que proteje patrimonios-. Es un hecho que ese monumento perjudica visualmente a Las Peñas. Cualquiera con dos dedos de frente debe percatarse de ello y agredir de esa forma al barrio más antiguo de la ciudad es algo que, si supe conocerlo bien, ni siquiera LFC hubiese aprobado.
¿Recuerdan la monstruosidad de árbol de Navidad que colocaron precisamente en el sector donde Nebot pretende poner ahora una efigie, allá por 2003? ¿Parece que eso era estético? Y fue bajo la primera administración del alcalde Nebot.
Por su parte el INPC tampoco hizo lo que debió desde que esta propuesta de la estatua de bronce a LFC nació en la Arquidiócesis de Guayaquil, en 2008, y su posterior aprobación, en el Consejo Municipal, en 2009... ¿por qué ahora ciertas autoridades del INPC se escudan en Diabluma?
Además, la resolución del Juzgado Octavo de lo Penal es un enredo jurídico que pretende soslayar competencias municipales al meterse también con el cambio de nombre del parque lineal en el Malecón Simón Bolívar que, más allá de simpatías con el ex Alcalde, es una decisión del Consejo y no transgredía patrimonio alguno... Aquí se muestra una vez más el fanatismo de Diabluma contra LFC.
Pero el Cabildo no se queda atrás en esta galería... Como para adornar el asunto, está la propuesta del concejal "Polo" Baquerizo de un monumento a los "enemigos de Guayaquil"... idea que raya en lo absurdo por querer resaltar, en pseudo homenaje, un aspecto negativo.
Nebot tiene todo un malecón, por no decir una ciudad, para poner el mentado monumento a LFC... ¿por qué empecinarse en un solo sitio? Quiero evitar pensar que por estar entretenidos en frivolidades que bien pueden esperar, Las Peñas se quedó sin guardianía privada, por primera vez, en más de una década.
Guayaquil requiere de algo más que toneladas de cobre para recordar a alguien que, como dicen algunos, ya está grabado en los corazones de muchos.
¿Quieren ser agradecidos con la memoria y gestión de LFC? Exijan lo que deben a Nebot... un mejor sistema de alcantarillado para empezar.
Pero entre el Cabildo, Diabluma y el INPC... ni a cuál irle...
Si solo LFC viviera para que los mandara a todos pa'l carajo.
sábado, 10 de marzo de 2012
jueves, 23 de febrero de 2012
Crónica de la ira popular
Cerca de las 07:30, del miércoles 15 de febrero último, salí de mi casa para dirigirme hacia la Corte Superior de Guayaquil. El viaje en buseta debí hacerlo con una pesada mochila al hombro que contenía mi ropa para ir al gimnasio...debía cargar con eso, no había tiempo de llegar primero a mi trabajo.
“Diviértete”, fue la frase que retumbó en mi cabeza... fue pronunciada por una compañera que conoció el día anterior que debía cubrir la audiencia por el amparo de protección interpuesto por las organizaciones Diabluma y Juventud Revolucionaria Alianza PAIS contra el Municipio de Guayaquil por la colocación del monumento a LFC en Las Peñas.
Desde luego, no pensaba divertirme... ni mucho menos lo creyó mi compañera que de antemano intuía la polémica que podía suscitarse. Me sonreí mentalmente por el sarcasmo.
Llegué cerca de las 07:50 a los alrededores de la Corte. La voz amigable de un compañero del medio me sorprendió por la espalda. “Si sabes lo que es bueno para ti, esconde tu credencial”. Tomé el consejo... un tanto inútil, mi libreta de apuntes ponía en evidencia para quién trabajo.
Pasadas las 08:00, el asambleísta Andrés Roche encabezaba un numeroso grupo de simpatizantes de su causa -la misma del Municipio- que se dirigió hacia el ala izquierda de la Corte para ingresar. La tranquilidad con que se dirigía a sus acompañantes y miembros de la Policía que cuidaba el lugar me destanteó... aún tengo presente que, cuando esperaba una entrevista con él en su antiguo despacho de la Dirección de Vigilancia y Seguridad, trató de forma déspota a una de sus asistentes.
Ya en la sala donde el Juzgado 8º de Garantías Penales realizaría la audiencia, los protagonistas de la parte demandada comenzaron a tomar asiento de forma ordenada. A las 08:15, las personas que se sentaron en la parte de la audiencia se saludaban a la distancia con las personas que paulatinamente iban llegando.
Yo también saludé con conocidos que trabajan en el Municipio. No era la primera vez que los veía en situaciones similares: en cada marcha de Nebot o sesión crítica en el Salón de la Ciudad, siempre estaban presentes.
José Batista, confeso ex colaborador de LFC por más de 30 años, desde que llegó comenzó a arengar a los simpatizantes del Cabildo porteño.
Batista intercedió por un grupo de coidearios que buscaron ingresar empujando a la policía. “No se preocupe que no va haber desmanes”, dijo. Aquel grupo, finalmente, logró entrar.
Decidí dedicarme a lo mío y empecé a hablar con la gente de la primera fila.
Un hombre de camiseta amarilla -parafraseando a Arjona, de clase muy sencilla, lo noté por su facha- fue el primero que abordé. Se identificó como Pedro Silva y sabía perfectamente de la audiencia por la prensa, me aseguró. ¿Y por qué estaba ahí? “Yo soy del pueblo”. Frase sin discusión porque del pueblo somos todos.
Me coloqué del lado izquierdo del estrado para tener una vista más panorámica de la situación. Los casi 300 asientos que calculé estaban ocupados en el 90%, al menos. Un hombre de camisa estampada saludó a Silva. Me dio la impresión de que era su pariente, por el parecido en las facciones faciales.
Cerca de las 09:00, noté que había forcejeos al fondo de la sala, justo de mi lado. Por curiosidad avancé pero unas personas que improvisaron un cerco humano, en la salida principal, me impidieron el paso. La gente que hace minutos lanzaban vítores en favor de LFC y Nebot empezó a gritar “¡Fuera!”.
A lo lejos veía que los gendarmes desalojaban a un grupo, y trataron de darles protección hasta la salida. Infructuosa tarea. El cerco humano no era sino una emboscada que al grito de “¡Ahí vienen!” empezaron a propinar patadas y puñetes a los exiliados de la sala.
Roche solicitaba calma desde su sitio en el estrado. “Ya habrá oportunidad en las calles, no se dejen provocar”, decía.
Me acordé del ofrecimiento de Batista a los policías acerca de los desmanes mientras regresaba a mi sitio cerca del estrado. Lo busqué para ver alguna impresión facial por las primeras agresiones. No lo encontré. Lo que hallé, en cambio, fue que Silva se había unido al hombre de la camisa estampada y un grupo de más de una decena de individuos, en todo el centro de la sala.
Cosa curiosa, teniendo donde sentarse al fondo permanecieron en el corazón del lugar.
A las 09:10, empezó la audiencia, presidida por el juez (e) Manuel Prieto. Habla primero Armando Bedrón, abogado de Diabluma. La gente comenzó a insultarlo, tenía la barra en contra por mayoría absoluta. Los pocos que habían llegado a apoyarlo hace rato que habían salido entre golpes e insultos.
“Ya vamos a decir las verdades”, indicaba Roche a la masa. A las 09:25, comenzó la intervención del procurador síndico municipal, Miguel Hernández. Los insultos fueron reemplazados por alabanzas.
Aproximadamente a las 10:00, percibí un nuevo forcejeo cerca de la primera fila, por mi lado.
Al acercarme a la escena, una compañera reportera discutía con una señora mayor de edad sobre una aparente agresión por parte de Gustavo Zuñiga, director de Aseo del cabildo, quien estaba sentado en primera fila, junto a otros personajes políticos conocidos como Cynthia Viteri.
Según versiones posteriores, Zúñiga pedía campo visual y la compañera, que lo impedía inintencionalmente, habría sido empujada de forma descortés por el funcionario.
“Usted debe ser más respetuosa”, indicaba la señora de blusa blanca a la periodista. “Pero hay maneras de pedir las cosas y él no me puede faltar al respeto”, le respondía la colega.
Tras averiguar los detalles de lo ocurrido volví a mi sitio original. Un compañero me indicó que tenía la credencial de fuera y que habían personas fijándose en mi persona. Ya para qué guardarla... si tanta atención me habían prestado ya debían saber para cuál medio trabajaba.
Luego de la intervención de Leonardo Neira, de la Procuraduría General del Estado -quien se declaró neutral en la situación-, tomó la palabra Esteban Delgado, subsecretario de Patrimonio Cultural, para, en pocas palabras, insistir en que no buscaban impedir la instalación del monumento pero que esta debía darse fuera de Las Peñas.
Tras eso, fue un ir y venir de réplicas. Hernández, Bedrón, Delgado expusieron sus argumentos en ese orden. Roche protestó que se le dé uso de la palabra a este último porque, en su parecer, ya estaba representado por Bedrón.
El juez Prieto le solicitó calma a Roche y le puntualizó que el funcionario estatal tiene derecho a argumentar y que, si gustaba, podría replicar.
El asambleísta cedió. “Veamos qué tiene que decir este cobarde”, dijo.
Delgado dejó constancia de las interrupciones por parte de las barras municipales. Se ganó los silbidos y pifias propias de un estadio cuando el jugador del equipo contrario cae al suelo tras una falta.
Zúñiga miró hacia atrás y, molesto, solicitó calma. Un ex concejal de Guayaquil, afín a Nebot, a mis espaldas, sentenció: “Van a suspender la audiencia”.
Aproximadamente a las 10:10, Fernando Rosero, defensor de los intereses del Cabildo, hace uso de la palabra. Justificó su presencia porque había recibido como 200 tweets insultándolo. Su discurso, impregnado de epítetos contra Diabluma y elogios a LFC, fue motivante para las personas asistentes.
De pronto, más policías llegaron al lugar, formando un cordón que separaba a jueces, demandantes y demandados, del resto de las personas. Yo me quedé de este último lado para tener más libertad de movimiento.
Eran cerca de las 10:20. Roche ofrece mostrar unos videos donde, aseguró, se ponían en evidencia los vínculos de Diabluma con Alianza PAÍS. Decido cambiar de lugar para apreciar mejor los videos y camino unos metros cerca de la columna apegada a la puerta principal.
Otro hecho curioso: las personas que se hallaban de pie meten la mano a su bolsillo como en una coreografía, casi al mismo tiempo. Qué gracioso, pensé, por la peculiaridad de la situación.
Me ubico a la altura de la puerta y empezó la proyección. Observo que Roche mete la mano en su bolsillo derecho del pantalón y le arrojó unas monedas a Delgado. Pocos segundos después, la acción es imitada por la gente que estaba a mi lado izquierdo... la misma que, momentos antes, había hecho su gesto sincronizado.
Tomé ruta nuevamente hacia mi puesto original, junto al estrado. Escuché al juez decir que la audiencia se suspendía.
En el trayecto, vi a una mujer joven, con apariencia de clase media, que lanzó una botella de plástico vacía hacia el estrado. Se rió de su acción y se topó con mi mirada... no hice más que un gesto de reproche. Por el momento, no podía hacer más.
Unos compañeros que estaban del lado de la gente lanzamonedas, por instinto, empujaron sus cuerpos hacia adentro, identificándose como prensa ante los gendarmes. Yo procuré hacer lo mismo... pero el policía al que le mostré mi identificación no logró apoyarme a tiempo: la muchedumbre se había puesto de pie y se abalanzó contra los escudos antimotines con el afán de llegar hasta el estrado.
Quedé aprisionado entre la masa y uno de los escudos. El inflado maletín que nunca se separó de mí, parecía piedra contra mi abdomen. Con el esfuerzo que demandaba el caso, logré poner a buen recaudo mi grabadora, libreta y celular -triste prioridad de proteger las herramientas de trabajo- y recé para que el policía que me contenía no tropezara con la escalera que estaba detrás de él.
Empecé a reconocer rostros entre la gente que empujaba. Silva -ese “hombre del pueblo”- y su conocido de la camisa estampada estaban en la primera fila de la fuerza de choque. Por breves segundos me pregunté cómo llegaron tan rápido a ese puesto.
Habrán sido unos tres minutos de la experiencia como relleno de tamal. El policía al que le mostré mi credencial me haló hacia el lado del estrado. No me sentía a buen recaudo... si ya habían caído monedas y botellas, cualquier otra cosa podría llegar hasta donde estaba.
Roche, en labor inútil, llamaba a la calma. “Que continúe la audiencia”, pedía con voz suave. La policía protegió a la poca gente de Diabluma que quedaba... para ese momento, ellos, Delgado Bedrón, y Prieto eran los únicos que contaban -y necesitaban- de blindaje humano.
Poco después, la muchedumbre logró pasar hacia el estrado por el lado izquierdo -se me ocurren paradojas pero dilataría el asunto innecesariamente-. Arrojaban lo que podían. Parte de la gente a la que querían atacar se escabullía por la puerta falsa. Solo quedaron los más importantes -políticamente hablando- dentro.
Como no alcanzaron a sus objetivos, decidieron correr hacia la puerta principal. Solo la asambleísta Viteri y unos cuantos habían quedado del lado de la audiencia. Empezaron a cantar la Aurora Gloriosa.
Comencé entonces a evaluar lo que había quedado luego de casi 10 minutos de gresca: un escritorio destrozado, sillas volteadas, y monedas de 10, 5 y 1 centavos regadas por el piso... Dicen que Roche arrojó monedas de un dólar, no vi ninguna...
Y a espaldas de mí, la misma señora de blusa blanca que minutos antes exhortaba a una compañera a “ser más respetuosa” con la gente de primera fila, lanzaba improperios a Delgado, quien permaneció rodeado de policías al menos 10 minutos más.
No me divertí. Fin de la evaluación.
“Diviértete”, fue la frase que retumbó en mi cabeza... fue pronunciada por una compañera que conoció el día anterior que debía cubrir la audiencia por el amparo de protección interpuesto por las organizaciones Diabluma y Juventud Revolucionaria Alianza PAIS contra el Municipio de Guayaquil por la colocación del monumento a LFC en Las Peñas.
Desde luego, no pensaba divertirme... ni mucho menos lo creyó mi compañera que de antemano intuía la polémica que podía suscitarse. Me sonreí mentalmente por el sarcasmo.
Llegué cerca de las 07:50 a los alrededores de la Corte. La voz amigable de un compañero del medio me sorprendió por la espalda. “Si sabes lo que es bueno para ti, esconde tu credencial”. Tomé el consejo... un tanto inútil, mi libreta de apuntes ponía en evidencia para quién trabajo.
Pasadas las 08:00, el asambleísta Andrés Roche encabezaba un numeroso grupo de simpatizantes de su causa -la misma del Municipio- que se dirigió hacia el ala izquierda de la Corte para ingresar. La tranquilidad con que se dirigía a sus acompañantes y miembros de la Policía que cuidaba el lugar me destanteó... aún tengo presente que, cuando esperaba una entrevista con él en su antiguo despacho de la Dirección de Vigilancia y Seguridad, trató de forma déspota a una de sus asistentes.
Ya en la sala donde el Juzgado 8º de Garantías Penales realizaría la audiencia, los protagonistas de la parte demandada comenzaron a tomar asiento de forma ordenada. A las 08:15, las personas que se sentaron en la parte de la audiencia se saludaban a la distancia con las personas que paulatinamente iban llegando.
Yo también saludé con conocidos que trabajan en el Municipio. No era la primera vez que los veía en situaciones similares: en cada marcha de Nebot o sesión crítica en el Salón de la Ciudad, siempre estaban presentes.
José Batista, confeso ex colaborador de LFC por más de 30 años, desde que llegó comenzó a arengar a los simpatizantes del Cabildo porteño.
Batista intercedió por un grupo de coidearios que buscaron ingresar empujando a la policía. “No se preocupe que no va haber desmanes”, dijo. Aquel grupo, finalmente, logró entrar.
Decidí dedicarme a lo mío y empecé a hablar con la gente de la primera fila.
Un hombre de camiseta amarilla -parafraseando a Arjona, de clase muy sencilla, lo noté por su facha- fue el primero que abordé. Se identificó como Pedro Silva y sabía perfectamente de la audiencia por la prensa, me aseguró. ¿Y por qué estaba ahí? “Yo soy del pueblo”. Frase sin discusión porque del pueblo somos todos.
Me coloqué del lado izquierdo del estrado para tener una vista más panorámica de la situación. Los casi 300 asientos que calculé estaban ocupados en el 90%, al menos. Un hombre de camisa estampada saludó a Silva. Me dio la impresión de que era su pariente, por el parecido en las facciones faciales.
Cerca de las 09:00, noté que había forcejeos al fondo de la sala, justo de mi lado. Por curiosidad avancé pero unas personas que improvisaron un cerco humano, en la salida principal, me impidieron el paso. La gente que hace minutos lanzaban vítores en favor de LFC y Nebot empezó a gritar “¡Fuera!”.
A lo lejos veía que los gendarmes desalojaban a un grupo, y trataron de darles protección hasta la salida. Infructuosa tarea. El cerco humano no era sino una emboscada que al grito de “¡Ahí vienen!” empezaron a propinar patadas y puñetes a los exiliados de la sala.
Roche solicitaba calma desde su sitio en el estrado. “Ya habrá oportunidad en las calles, no se dejen provocar”, decía.
Me acordé del ofrecimiento de Batista a los policías acerca de los desmanes mientras regresaba a mi sitio cerca del estrado. Lo busqué para ver alguna impresión facial por las primeras agresiones. No lo encontré. Lo que hallé, en cambio, fue que Silva se había unido al hombre de la camisa estampada y un grupo de más de una decena de individuos, en todo el centro de la sala.
Cosa curiosa, teniendo donde sentarse al fondo permanecieron en el corazón del lugar.
A las 09:10, empezó la audiencia, presidida por el juez (e) Manuel Prieto. Habla primero Armando Bedrón, abogado de Diabluma. La gente comenzó a insultarlo, tenía la barra en contra por mayoría absoluta. Los pocos que habían llegado a apoyarlo hace rato que habían salido entre golpes e insultos.
“Ya vamos a decir las verdades”, indicaba Roche a la masa. A las 09:25, comenzó la intervención del procurador síndico municipal, Miguel Hernández. Los insultos fueron reemplazados por alabanzas.
Aproximadamente a las 10:00, percibí un nuevo forcejeo cerca de la primera fila, por mi lado.
Al acercarme a la escena, una compañera reportera discutía con una señora mayor de edad sobre una aparente agresión por parte de Gustavo Zuñiga, director de Aseo del cabildo, quien estaba sentado en primera fila, junto a otros personajes políticos conocidos como Cynthia Viteri.
Según versiones posteriores, Zúñiga pedía campo visual y la compañera, que lo impedía inintencionalmente, habría sido empujada de forma descortés por el funcionario.
“Usted debe ser más respetuosa”, indicaba la señora de blusa blanca a la periodista. “Pero hay maneras de pedir las cosas y él no me puede faltar al respeto”, le respondía la colega.
Tras averiguar los detalles de lo ocurrido volví a mi sitio original. Un compañero me indicó que tenía la credencial de fuera y que habían personas fijándose en mi persona. Ya para qué guardarla... si tanta atención me habían prestado ya debían saber para cuál medio trabajaba.
Luego de la intervención de Leonardo Neira, de la Procuraduría General del Estado -quien se declaró neutral en la situación-, tomó la palabra Esteban Delgado, subsecretario de Patrimonio Cultural, para, en pocas palabras, insistir en que no buscaban impedir la instalación del monumento pero que esta debía darse fuera de Las Peñas.
Tras eso, fue un ir y venir de réplicas. Hernández, Bedrón, Delgado expusieron sus argumentos en ese orden. Roche protestó que se le dé uso de la palabra a este último porque, en su parecer, ya estaba representado por Bedrón.
El juez Prieto le solicitó calma a Roche y le puntualizó que el funcionario estatal tiene derecho a argumentar y que, si gustaba, podría replicar.
El asambleísta cedió. “Veamos qué tiene que decir este cobarde”, dijo.
Delgado dejó constancia de las interrupciones por parte de las barras municipales. Se ganó los silbidos y pifias propias de un estadio cuando el jugador del equipo contrario cae al suelo tras una falta.
Zúñiga miró hacia atrás y, molesto, solicitó calma. Un ex concejal de Guayaquil, afín a Nebot, a mis espaldas, sentenció: “Van a suspender la audiencia”.
Aproximadamente a las 10:10, Fernando Rosero, defensor de los intereses del Cabildo, hace uso de la palabra. Justificó su presencia porque había recibido como 200 tweets insultándolo. Su discurso, impregnado de epítetos contra Diabluma y elogios a LFC, fue motivante para las personas asistentes.
De pronto, más policías llegaron al lugar, formando un cordón que separaba a jueces, demandantes y demandados, del resto de las personas. Yo me quedé de este último lado para tener más libertad de movimiento.
Eran cerca de las 10:20. Roche ofrece mostrar unos videos donde, aseguró, se ponían en evidencia los vínculos de Diabluma con Alianza PAÍS. Decido cambiar de lugar para apreciar mejor los videos y camino unos metros cerca de la columna apegada a la puerta principal.
Otro hecho curioso: las personas que se hallaban de pie meten la mano a su bolsillo como en una coreografía, casi al mismo tiempo. Qué gracioso, pensé, por la peculiaridad de la situación.
Me ubico a la altura de la puerta y empezó la proyección. Observo que Roche mete la mano en su bolsillo derecho del pantalón y le arrojó unas monedas a Delgado. Pocos segundos después, la acción es imitada por la gente que estaba a mi lado izquierdo... la misma que, momentos antes, había hecho su gesto sincronizado.
Tomé ruta nuevamente hacia mi puesto original, junto al estrado. Escuché al juez decir que la audiencia se suspendía.
En el trayecto, vi a una mujer joven, con apariencia de clase media, que lanzó una botella de plástico vacía hacia el estrado. Se rió de su acción y se topó con mi mirada... no hice más que un gesto de reproche. Por el momento, no podía hacer más.
Unos compañeros que estaban del lado de la gente lanzamonedas, por instinto, empujaron sus cuerpos hacia adentro, identificándose como prensa ante los gendarmes. Yo procuré hacer lo mismo... pero el policía al que le mostré mi identificación no logró apoyarme a tiempo: la muchedumbre se había puesto de pie y se abalanzó contra los escudos antimotines con el afán de llegar hasta el estrado.
Quedé aprisionado entre la masa y uno de los escudos. El inflado maletín que nunca se separó de mí, parecía piedra contra mi abdomen. Con el esfuerzo que demandaba el caso, logré poner a buen recaudo mi grabadora, libreta y celular -triste prioridad de proteger las herramientas de trabajo- y recé para que el policía que me contenía no tropezara con la escalera que estaba detrás de él.
Empecé a reconocer rostros entre la gente que empujaba. Silva -ese “hombre del pueblo”- y su conocido de la camisa estampada estaban en la primera fila de la fuerza de choque. Por breves segundos me pregunté cómo llegaron tan rápido a ese puesto.
Habrán sido unos tres minutos de la experiencia como relleno de tamal. El policía al que le mostré mi credencial me haló hacia el lado del estrado. No me sentía a buen recaudo... si ya habían caído monedas y botellas, cualquier otra cosa podría llegar hasta donde estaba.
Roche, en labor inútil, llamaba a la calma. “Que continúe la audiencia”, pedía con voz suave. La policía protegió a la poca gente de Diabluma que quedaba... para ese momento, ellos, Delgado Bedrón, y Prieto eran los únicos que contaban -y necesitaban- de blindaje humano.
Poco después, la muchedumbre logró pasar hacia el estrado por el lado izquierdo -se me ocurren paradojas pero dilataría el asunto innecesariamente-. Arrojaban lo que podían. Parte de la gente a la que querían atacar se escabullía por la puerta falsa. Solo quedaron los más importantes -políticamente hablando- dentro.
Como no alcanzaron a sus objetivos, decidieron correr hacia la puerta principal. Solo la asambleísta Viteri y unos cuantos habían quedado del lado de la audiencia. Empezaron a cantar la Aurora Gloriosa.
Comencé entonces a evaluar lo que había quedado luego de casi 10 minutos de gresca: un escritorio destrozado, sillas volteadas, y monedas de 10, 5 y 1 centavos regadas por el piso... Dicen que Roche arrojó monedas de un dólar, no vi ninguna...
Y a espaldas de mí, la misma señora de blusa blanca que minutos antes exhortaba a una compañera a “ser más respetuosa” con la gente de primera fila, lanzaba improperios a Delgado, quien permaneció rodeado de policías al menos 10 minutos más.
No me divertí. Fin de la evaluación.
viernes, 29 de julio de 2011
Vergüenza ajena
Frente a los últimos sucesos que tienen como eje la sentencia a El Universo por el editorial "No a las mentiras, lo que más he escuchado es el peligro que corre la libertad de expresión en el país.
Por mi lado, no es la libertad de expresión la que me preocupa, es hacia dónde y con qué fines se dirigen los medios de comunicación. Informar, me dirán unos, de forma libre e independiente, me dirán otros.
¿Creen que esa libertad existe?
Un profesor anoche, de amplia trayectoria periodística en varios medios, nos planteó a los estudiantes una tesis. La información que tiene un reportero para una noticia se divide en 4 partes: una le pertenece al dueño del medio (más amigos y familiares), otra a las empresas que pautan publicidad, otra a los contactos políticos, y lo que queda es para el público.
La hipótesis no me resultó novedosa.
Pero ese es el mundo que tenemos que enfrentar día a día los periodistas de a pie. Apenas ingresé a una radio, hace 6 años, lo primero que me dijeron es que no tenía que publicar nada contra el Municipio de Guayaquil o la Junta de Beneficiencia... ellos pagaban la publicidad y no había cómo tocarlos. Felizmente era solo la publicidad, porque contacto político no había.
Y finalmente, ¿qué es lo que se entrega al lector, oyente o televidente? ¿Una nota objetiva o manipulada desde antes de nacer?
Por eso me río -para no llorar- cuando escucho sobre el “periodismo independiente” de Teleamazonas, “la libertad de expresión” de El Universo... y cosas por el estilo. No existe tal cosa... si el público apenas recibiría el 25% de la realidad, según la teoría de mi profesor.
Ahora Correo de Perú y Washington Post de EE.UU. vienen a querer actuar como defensores y jueces de los políticos que no son de su agrado... me causa lástima... y lo lamento más por la gente que creen que un medio de comunicación es la voz de un pueblo. De una parte del pueblo, en todo caso, pero no de su universalidad.
Por ello no me preocupo de lo que la prensa diga de Correa, Nebot, Obama, Humala y etcétera... yo sé que no me representan y, por tanto, la única vergüenza que tengo, como ecuatoriano y periodista, es pertenecer a un conglomerado donde ciertas élites y representantes juegan al doctor Frankenstein con la opinión ciudadana.
Pero nada más.
Por mi lado, no es la libertad de expresión la que me preocupa, es hacia dónde y con qué fines se dirigen los medios de comunicación. Informar, me dirán unos, de forma libre e independiente, me dirán otros.
¿Creen que esa libertad existe?
Un profesor anoche, de amplia trayectoria periodística en varios medios, nos planteó a los estudiantes una tesis. La información que tiene un reportero para una noticia se divide en 4 partes: una le pertenece al dueño del medio (más amigos y familiares), otra a las empresas que pautan publicidad, otra a los contactos políticos, y lo que queda es para el público.
La hipótesis no me resultó novedosa.
Pero ese es el mundo que tenemos que enfrentar día a día los periodistas de a pie. Apenas ingresé a una radio, hace 6 años, lo primero que me dijeron es que no tenía que publicar nada contra el Municipio de Guayaquil o la Junta de Beneficiencia... ellos pagaban la publicidad y no había cómo tocarlos. Felizmente era solo la publicidad, porque contacto político no había.
Y finalmente, ¿qué es lo que se entrega al lector, oyente o televidente? ¿Una nota objetiva o manipulada desde antes de nacer?
Por eso me río -para no llorar- cuando escucho sobre el “periodismo independiente” de Teleamazonas, “la libertad de expresión” de El Universo... y cosas por el estilo. No existe tal cosa... si el público apenas recibiría el 25% de la realidad, según la teoría de mi profesor.
Ahora Correo de Perú y Washington Post de EE.UU. vienen a querer actuar como defensores y jueces de los políticos que no son de su agrado... me causa lástima... y lo lamento más por la gente que creen que un medio de comunicación es la voz de un pueblo. De una parte del pueblo, en todo caso, pero no de su universalidad.
Por ello no me preocupo de lo que la prensa diga de Correa, Nebot, Obama, Humala y etcétera... yo sé que no me representan y, por tanto, la única vergüenza que tengo, como ecuatoriano y periodista, es pertenecer a un conglomerado donde ciertas élites y representantes juegan al doctor Frankenstein con la opinión ciudadana.
Pero nada más.
jueves, 17 de marzo de 2011
El pequeño amigo de Snoopy
Bellos recuerdos traen los días en que descubriendo el universo que puede mostrar la lectura, en uno de los libros que una tía materna tenía en su casa, descubría un personaje creado por el estadounidense Charles Schulz: Snoopy.
No conocí a Snoopy en la faceta de tira cómica sino como complemento de una serie de publicaciones que buscaron ilustrar a los más pequeños sobre el por qué, cómo, cuándo y dónde del mundo que nos rodea.
El universo de este simpático personaje incluía una pequeña ave amarilla que solo se comunicaba mediante gorgeos... iberoamérica lo conoció como Emilio.
El diminuto ovíparo no necesitaba de palabras para informar de sus requerimientos y darse a entender. Qué diferencia ahora con un tocayo humano que desgasta la yema de sus dedos para transcribir sus pensamientos y muy poco le entiendo.
A lo mejor como infante pudiera dilucidar sus expresiones... al menos así comencé a entender al pequeño amigo de Snoopy.
En cada arremetida de un gato vecino, Emilio siempre estaba a lado del can, aunque sea para recibir el arañazo en equipo. Igual hace el tocayo humano: cada arremetida de un personaje se convierte en inspiración para hacer equipo con el universo que lo rodea.
Por desgracia, en la defensa se lleva por delante a quienes no le piden ningún favor.
Y qué decir cuando Emilio y otros pajaritos hacían de pequeños boy scouts donde Snoopy era el guía. Simpáticas y divertidas eran las ocasiones en que las aves sacaban al perro de alguna situación difícil.
Pero el tocayo humano, no es capaz de dar ese apoyo al mismo gremio que pertenece y le encanta hacer diferenciación por la sintonía con su ideología política, llegando incluso al insulto.
Bueno, sí causa gracia cuando hace observaciones a los peyorativos de otros como si él fuese una blanca paloma... o al menos, un pájaro amarillo.
A lo mejor si actuase un poco más como la mano derecha de Snoopy, habría cómo sentir simpatía.
No conocí a Snoopy en la faceta de tira cómica sino como complemento de una serie de publicaciones que buscaron ilustrar a los más pequeños sobre el por qué, cómo, cuándo y dónde del mundo que nos rodea.
El universo de este simpático personaje incluía una pequeña ave amarilla que solo se comunicaba mediante gorgeos... iberoamérica lo conoció como Emilio.
El diminuto ovíparo no necesitaba de palabras para informar de sus requerimientos y darse a entender. Qué diferencia ahora con un tocayo humano que desgasta la yema de sus dedos para transcribir sus pensamientos y muy poco le entiendo.
A lo mejor como infante pudiera dilucidar sus expresiones... al menos así comencé a entender al pequeño amigo de Snoopy.
En cada arremetida de un gato vecino, Emilio siempre estaba a lado del can, aunque sea para recibir el arañazo en equipo. Igual hace el tocayo humano: cada arremetida de un personaje se convierte en inspiración para hacer equipo con el universo que lo rodea.
Por desgracia, en la defensa se lleva por delante a quienes no le piden ningún favor.
Y qué decir cuando Emilio y otros pajaritos hacían de pequeños boy scouts donde Snoopy era el guía. Simpáticas y divertidas eran las ocasiones en que las aves sacaban al perro de alguna situación difícil.
Pero el tocayo humano, no es capaz de dar ese apoyo al mismo gremio que pertenece y le encanta hacer diferenciación por la sintonía con su ideología política, llegando incluso al insulto.
Bueno, sí causa gracia cuando hace observaciones a los peyorativos de otros como si él fuese una blanca paloma... o al menos, un pájaro amarillo.
A lo mejor si actuase un poco más como la mano derecha de Snoopy, habría cómo sentir simpatía.
jueves, 30 de septiembre de 2010
Anarquía
“¿Cómo es posible que unos cuantos profesores de la UNE que apenas sí tienen condición física para trepar puertas consiguieran lo que muchedumbres de estudiantes e indígenas no pudieron?”, le dije hace unos días a mi madre, con el debido respeto, pues ella también es profesora.
En las últimas horas, parece que mi respuesta ha sido contestada.
Dentro de la profesión, a los periodistas nos toca estar preparados para todo tipo de eventualidades... esas que son capaces de hacer trabajar horas extras.
Pero definitivamente, hay cosas que por más preparado que uno esté no dejan de impactar.
De un momento a otro, veo a mi ciudad dentro de un caos inusual... un silencio inusual... ni un domingo es capaz de convertir a Guayaquil en algún tipo de pueblo fantasma, en el cual, la poca gente que se ve está preocupada, cerrando negocios... sin poder retirarse del todo del lugar.
Y es que los llamados a salvaguardar el orden ciudadano eran protagonistas del desorden... y cuando los gatos no están, ratas, ratones y rateros hacen fiesta.
Seguí con mi agenda hasta donde las circunstancias lo permitieron. Caminando a lo largo del Malecón, de pronto desconfiaba de todos quienes cruzaran mirada conmigo... ni los menores de edad se salvaban de mis temores.
Hasta mi lugar de trabajo cerró sus puertas para no ser blanco fácil, y dentro de él, un inusitado ir y venir de personas confirmaban que los últimos acontecimientos pueden afectar el desempeño de este y otros días.
Inevitable pensar en las personas que más estimo y quiero: mi familia, mis amigos, mis compañeros y colegas... seguramente todos estaban adaptándose para pasar el día con la mayor seguridad posible.
Solo faltan un par de horas para que se termine la jornada laboral. La incertidumbre se apodera de mí... ¿Habrá paz en las siguientes horas?
“Al final del día, todo estará bien”... me dijo una vez alguien especial, ojalá sea así.
En las últimas horas, parece que mi respuesta ha sido contestada.
Dentro de la profesión, a los periodistas nos toca estar preparados para todo tipo de eventualidades... esas que son capaces de hacer trabajar horas extras.
Pero definitivamente, hay cosas que por más preparado que uno esté no dejan de impactar.
De un momento a otro, veo a mi ciudad dentro de un caos inusual... un silencio inusual... ni un domingo es capaz de convertir a Guayaquil en algún tipo de pueblo fantasma, en el cual, la poca gente que se ve está preocupada, cerrando negocios... sin poder retirarse del todo del lugar.
Y es que los llamados a salvaguardar el orden ciudadano eran protagonistas del desorden... y cuando los gatos no están, ratas, ratones y rateros hacen fiesta.
Seguí con mi agenda hasta donde las circunstancias lo permitieron. Caminando a lo largo del Malecón, de pronto desconfiaba de todos quienes cruzaran mirada conmigo... ni los menores de edad se salvaban de mis temores.
Hasta mi lugar de trabajo cerró sus puertas para no ser blanco fácil, y dentro de él, un inusitado ir y venir de personas confirmaban que los últimos acontecimientos pueden afectar el desempeño de este y otros días.
Inevitable pensar en las personas que más estimo y quiero: mi familia, mis amigos, mis compañeros y colegas... seguramente todos estaban adaptándose para pasar el día con la mayor seguridad posible.
Solo faltan un par de horas para que se termine la jornada laboral. La incertidumbre se apodera de mí... ¿Habrá paz en las siguientes horas?
“Al final del día, todo estará bien”... me dijo una vez alguien especial, ojalá sea así.
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